02.09.07
EL chico de blanco
Pobre e insensato guille, si tuviera conciencia de lo que acaba de sucederle. Nosotros,
sere experimentados, bien podemos vaticinarle el futuro turbulento que todo buen amor reclama. Él, criatura ignorante, se apresta a apostar su templanza detrás de una figura
casi fantasmal y horrible que pasó frente a sus ojos y quizás no vuelva o, peor aun, que
regrese y perfore de un estiletazo toda idealización innecesaria. Al muchacho le espera, efectivamente, una larga convalecencia con un final incierto, y todo eso, todo eso, sólo
para que el mundo y su existencia tengan sentido. A veces el absurdo es una opción terapéutica que no hay que despreciar.