12.20.06

Bicho oscuro, la paloma

Publicado en Historietas a 6:07 pm por blogurtido

paloma1.jpgMal nos llevamos las palomas y yo. No me caen simpáticas como un hornerito ni me resultan indiferentes como los teros o los gorriones. Me inquietan; algo parecido a una sensación oscura me corre por el cuello cuando las tengo cerca.

La cosa, estoy seguro, viene de mi infancia. Allá por los 8 años presencié espantado el primer entierro de mi vida. No recuerdo quién palmó, era conocido de mis viejos y me llevaron porque seguramente no tenían con quién dejarme o se les habrá ocurrido que era una interesante de lección de vida.

Fue algo fuerte; los deudos, los llantos, las tumbas y el cajón guardándose para siempre en un nicho oscuro era demasiado para una mentecita como la mía, que en esos años era por demás apocalíptica y sentía a la muerte como algo injusto que caía por sorpresa.
El ritual, que en principio era lúgubre pero novedoso, ya se había puesto aburrido; el cura prolongaba un rosario interminable y yo me había distraído con la tumba de un tal José Romanutti. Tenía su fotito redonda y gris, unas flores de plástico y una placa que decía “Tus hijos y nietos te llorarán por siempre”, un espanto. Un rato largo miré esa placa y la toqué, sentía que profanaba la tumba, que me conectaba con el mundo de los muertos, que algo terrible podía pasar porque cosas así de truculentas sucedían en las películas de Viaje a lo Inesperado. Igual fue un acto de la más estricta valentía, usé el dedo mayor y muy tímidamente lo pasé por la placa y entonces me cagó, una paloma me cagó en el hombro, una cagada grande, consistente y fatídicamente profética. Levanté la vista y la vi. Ella también me miró y tuve miedo esa tarde y muchísimas noches.

Desde entonces nos llevamos mal. Muchas veces sentado en alguna plaza, las miro caminar cerca de mío, tecleando como caminan las palomas, y siento un profundo deseo de patearlas como lo haría el rugbier más fornido, un deseo profundo, sentido y viseral. Nunca lo hice porque en el fondo soy un supersticioso irredimible, pero carajo, qué ganas.

El colmo con estos animales pasó un par de semanas atrás; iba en el auto hacia la escuela en una ruta que está infestada de palomas que comen los granos caídos de los camiones y, a 120 km por hora, siempre alguna se atropella, nada del otro mundo. Ese día había tantas que topé a cuatro ó cinco en menos de diez minutos y, transportado por esta carnicería involuntaria a aquel primer entierro, me reí mucho con su desdicha. Me sentí extrañamente vengado porque venía sensible con estas cuestiones oscuras y, verlas desplumarse era una gran descarga. Yo no las mataba, ellas eran responsables, ellas se entregaban al impacto por comer un par de granos. Me reía como un psicópata. De alguna forma, era una tardía indemnización a tantas horas de desvelo en mi niñez.

Todo hubiera quedado allí, en un modesta reparación simbólica, pero apenas empezaba a a saborear esta satisfacción, un reflejo de sol me mostró en el parabrisas la silueta estampada de una de ellas; se distinguía clarito el cuerpo y las alas extendidas, se notaban las plumas y parecía una cruz.

escrito por mondoditesta.wordpress.compaloma1.jpgpaloma1.jpg